Si eres
hij@ único, probablemente me entenderás (o probablemente no). Es curioso observar las posturas tan extremas que me encuentro cuando hablo con hij@s únic@s como yo: algunos dicen que están
encantados de haberse conocido así, pero yo ¡no!...
Los hijos únicos no tenemos con quién
jugar ni
compartir confidencias en nuestra más tierna infancia y adolescencia, vemos la tele
solos y, aunque lo tenemos todo para nosotros, nos
aburrimos soberanamente. Yo he tenido padres mayores así que las diferencias generacionales han sido tremendas :((
Bueno, a lo que voy, que me sentí muy sola en mi
infancia y sigo sintiéndome sola en mi
adultez, y, claro, lo acepto, lo admito y lo asumo, pero es inevitable vivir el momento de..
¿cómo habría sido mi vida si hubiera tenido hermanos?
Ojalá...saber que tienes alguien en quien
confiar plenamente, un hombro en el que
apoyarte, alguien que crea en ti
incondicionalmente....algunos diréis que estoy
idealizando demasiado el tema.
Obviamente, conozco
historias de hermanos que son para llorar y, evidentemente no me refiero a esas. A mí me gustan las historias de hermanos como la que traigo hoy:
Marta y Francisco, dos hermanos cómplices que se profesan un gran
cariño a pesar de haber algunos añitos de diferencia entre ellos. ¡Ay, qué envidia...! :)
Esta sesión ha sido un regalo por el
50 cumpleaños de la mamá de estos dos soles, cómo he disfrutado haciéndola y editándola. Cuando hay
sintonía y
buena armonía, el tema traspasa la pantalla...y
el atardecer en la playa...¡ay!..sin comentarios....
Espero que te gusten:
Nos vemos en
un par de semanitas con nuevo post. Mientras tanto, pásalo bien y ármate de paciencia con el calor.
Besos y, como siempre,
gracias por estar ahí.